Cuando el payaso se quita la careta
Un momento.... el payaso ha dicho algo que no tiene gracia, más bien, parece algo sensato. ¿Sensato? ¡No puede ser! ¡Esa no es su función, él está para hacer reír, para cometer locuras, para fantasear y pasarlo bien con sus bromas, no para pensar, ni para ser sensato!
¡Payaso no puedes ser serio! ¡Sigue dándome lo que quiero! ¡Me da igual cómo te sientas, qué experimentas en tu ser, sólo quiero reír!
Las personas que ejercen la profesión de payaso, propiamente dicha, se limitan a ejercer su profesión durante las horas que dura su espectáculo. Cuando dejan su puesto de trabajo, su comportamiento se estabiliza totalmente.
Sin embargo, si a una persona se le pone el calificativo de payaso o bromista su rol social establecido no se puede eliminar con facilidad.
Es curioso como se estigmatiza a las personas graciosas en la sociedad. Cuando se es gracioso y las personas se ríen con las ocurrencias de esa persona se tiende a pensar que siempre está así y pierde, en cierto modo, la capacidad de establecer lazos serios con personas que le conocen, sus opiniones son tomadas en broma o con menor poder de convicción que cuando lo dice alguien que es serio o no tiende a hacer bromas y fantasear.
Las personas que son graciosas tratan de utilizar esa capacidad para hacer más felices a los demás, se trata de una forma de conseguir que la situación, el estado en el que se encuentra el grupo mejore a través de la risa, la reducción de la tensión que se esté produciendo en ese momento o hasta eliminar el estrés que una persona pueda tener a causa del trabajo o cualquier otra cosa que le altere.
Lo que no podemos hacer es pensar que porque una persona trate de ser alegre y utilice la risa como medio para mejorar la situación en la que está no puede tener la capacidad de estar seria en los momentos oportunos, de tener opiniones sobre temas políticos, económicos, sociales u otros que le puedan hacer estar tan serio como cualquier otra persona.
Sin embargo, si a una persona se le pone el calificativo de payaso o bromista su rol social establecido no se puede eliminar con facilidad.
Es curioso como se estigmatiza a las personas graciosas en la sociedad. Cuando se es gracioso y las personas se ríen con las ocurrencias de esa persona se tiende a pensar que siempre está así y pierde, en cierto modo, la capacidad de establecer lazos serios con personas que le conocen, sus opiniones son tomadas en broma o con menor poder de convicción que cuando lo dice alguien que es serio o no tiende a hacer bromas y fantasear.
Las personas que son graciosas tratan de utilizar esa capacidad para hacer más felices a los demás, se trata de una forma de conseguir que la situación, el estado en el que se encuentra el grupo mejore a través de la risa, la reducción de la tensión que se esté produciendo en ese momento o hasta eliminar el estrés que una persona pueda tener a causa del trabajo o cualquier otra cosa que le altere.
Lo que no podemos hacer es pensar que porque una persona trate de ser alegre y utilice la risa como medio para mejorar la situación en la que está no puede tener la capacidad de estar seria en los momentos oportunos, de tener opiniones sobre temas políticos, económicos, sociales u otros que le puedan hacer estar tan serio como cualquier otra persona.
Seguramente munchas personas se han sentido como "payasos" en sus grupos de amigos. Yo también he sentido algo parecido en algunas ocasiones. Mucha gente se deja llevar por roles y no es capaz de darse cuenta de que las personas podemos cambiar totalmente de un momento a otro. Quizás porque aún la sociedad sigue poniendo "etiquetas" a los individuos. Pero más "payasos" son los que se dejan llevar por esos roles y no son capaces de ver más allá.
ResponderEliminar